FÚTBOL, ¿DEPORTE O MANIPULACIÓN?

Hoy en día nadie duda del papel de enorme importancia e influencia que ejerce el fútbol en el mundo que nos rodea, y que se ha intensificado de manera especial desde la existencia de lo que conocemos como sociedad de masas, que todo lo engloba. Los más recientes acontecimientos, que abarcan desde escándalos de corrupción en los altos cargos de competiciones futbolísticas hasta brutales enfrentamientos entre los más acérrimos seguidores de este deporte, han dejado claro que, lo que para algunos sigue siendo un simple juego, para otros se ha convertido en una forma de vida, en una ideología.

Pero, ¿qué se esconde detrás de 90 minutos de partido? Siguiendo esta línea podemos plantearnos muy diversas y variadas cuestiones, aunque el origen es el mismo: ¿Es el fútbol un instrumento de manipulación social en el mundo actual? El alcance y repercusión que ha logrado este deporte a nivel mundial lo ha convertido en un arma de doble filo, un instrumento de poder que muchos pretenden utilizar para generar dinero, ejercer control y manipulación.

Lo que comenzó como un juego se ha convertido en un negocio al conocerse la pasión y devoción que despertaba en la sociedad. Todos necesitamos creer en algo y el fútbol, en muchos casos, ha servido como una auténtica religión, una manera de hallar satisfacción en lo ajeno, una manera de soñar con una gloria ficticia, de establecer unos referentes y unos mitos en la figura de los futbolistas, quienes son utilizados como iconos. De todo esto se desprende que los empresarios vieran el fútbol como una nueva posibilidad, como un nuevo producto susceptible de rentabilidad.

Además, el fútbol se relaciona fuertemente con la cuestión patriótica. Por un lado, puede representar y fortalecer la unión de un pueblo basándose en el tándem de identificación equipo-nación, como ocurrió con Irán al ser clasificado para el mundial del 98 o con España tras ganar el mundial de 2010.

Sin embargo, en ocasiones el efecto es el contrario. Muchos políticos han utilizado y utilizan el fútbol como símbolo separatista y de independencia, como es el reciente caso de Cataluña con el Futbol Club Barcelona, o incluso como seña de una supuesta superioridad racial, como ocurrió con distintos regímenes de carácter fascista. Mussolini, que organizó el Mundial de 1934 en Italia para dar propaganda al mensaje fascista de raza superior o Milosevic, quien usó la victoria del Estrella Roja en la Champions League en 1991 como mensaje de una supuesta superioridad racial de los serbios.

El fútbol es una potente moneda que cuenta con muchas caras, por lo que hay que saber dominarlo, racionalizarlo y entenderlo desde diversas perspectivas. Y no debemos olvidar que estamos ante un fenómeno de masas que puede resultar tan beneficioso como fatídico.

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