MI PRIMERA VEZ EN EL RASTRO

Muy a pesar de las advertencias que había recibido acerca de la terrible aglomeración que se experimenta en algunas zonas, la soleada mañana del pasado domingo se prestaba para acercarse hasta el famoso rastro de Madrid, que tiene lugar todos los domingos desde finales del S.XIX en el barrio de La Latina.

Foto del blog Nuroa

Tras tres años viviendo en Madrid, y múltiples intentos fallidos de dedicar una mañana de domingo a conocer el famoso Rastro, tuve mi primera experiencia.

Una vez más, comprobé esa tendencia que se apodera de la capital y todos los que viven en ella de dejar todo para última hora. Quizás fui la única a la que advirtieron ir temprano para evitar a las masas. Y así fue. Un pequeño madrugón de domingo para comenzar el día con buen pie y rumbo a La Latina.

Sobre las 10, tras coger la línea 5 de metro que nos deja en el mismo Rastro, y donde tan solo viajaban algunas personas con mapas en las manos, gafas de sol, sandalias y calcetines llegué a La Latina. Al bajar en la estación ya se podían oír algunos acordes de los primeros de tantos músicos callejeros que me topé a lo largo de la mañana.

Una vez fuera y nada más salir por la boca del metro, ya divisé los primeros tenderetes blancos. De momento pocas personas pasean a través de los puestos, los comerciantes aún reposan tranquilos en sus sillas y hay poco movimiento.

Voy avanzando por las distintas calles ocupadas por los puestos, y descubro que es tan increíble como me han contado. Hay una infinidad de puestos y cada uno de ellos es un mundo por descubrir: desde ropa nueva, usada, hecha a mano hasta puestos de discos de vinilo, de cuadros, de alfombras, de chapas, de juguetes de madera, de joyas… recuerdo haber pensado “debe haber pocas cosas que no pueda encontrar en este lugar”.

Me encuentro con un poco de todo. Tenderos que se prestan al tradicional regateo y otros con cara de pocos amigos. Pero en cada rincón hay actividad. Músicos que amenizan el paseo y dan vida y color al lugar, gente repartiendo propaganda sobre los famosos bares de tapas que caracterizan a este barrio céntrico de Madrid, turistas asombrados que buscan el hueco y momento perfecto para inmortalizar y vendedores con mil ojos puestos en sus puestos, haciendo un esfuerzo por no perder detalle de lo que ocurre.

Cuando he terminado prácticamente el recorrido, me paro un segundo a observar y de nuevo compruebo que la gente parece haber desarrollado un particular gusto por los sofocos, los empujones o los pisotones. A medida que avanza la mañana, en las horas punta de las 12-13h la aglomeración de gente se hace insoportable en las calles más concurridas. Lo que he tardado un ahora en recorrer, puede llevarme el doble de tiempo, por lo que decido tomar algo en un bar de los alrededores.

Hay sitios muy recomendables, que los días de Rastro ofertan promociones especiales y, como es lógico, están a rebosar de gente deseosa de reposar tanta emoción y estrés.

En definitiva, una mañana de domingo en un lugar tan curioso como famoso, donde difícilmente te aburrirás y que siempre deja un buen sabor de boca.

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