AUTOCINE, ¿PASADO O PRESENTE?

Puede resultar paradójico que, en pleno Siglo XXI, cuando la evolución tecnológica y los desarrollos parecen apuntar más alto que nunca, una parte de nosotros siga remando en contra y luchando por no soltar o recuperar algunas marcas de nuestro pasado. Está pasando con lo vintage en la moda o el interiorismo, está pasando con la fascinación por las tradicionales cámaras polaroid o analógicas en la fotografía… y está pasando en el cine. 

Hoy en día puede resultar difícil decidir qué es más importante en una película: esta en sí o el formato en que la vemos. Desde la pantalla de nuestra televisión u ordenador, pasando por el móvil o las tabletas y hasta nuevas formas como las pantallas 3D o los dispositivos iSens . Sin embargo, uno de los formatos más tradicionales parece imponerse desde un pasado no muy lejano, pero con una fuerza in crescendo: el autocine, también conocido como drive-in. 

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Foto de Actually Notes, en un artículo de Carlos Belane.

Mucha gente lo recordará por la mítica escena de la película Grease, donde sus protagonistas viven una de sus escenas más irónicas precisamente en este escenario. Pero lo cierto es que la historia de los autocines se remonta a años atrás. Si por algo es famosa la película Two With Arms es por iniciar esta moda que en la actualidad recordamos con una mezcla de nostalgia e ilusión. Fue el 6 de junio de 1933, cuando un grupo de personas de Camden, Nueva Jersey, pagó 4 euros para poder ver esta película inglesa sin tener que bajarse de sus coches.

Esta forma de ver cine se extendió como la espuma en Estados Unidos, y llegó a Europa hace décadas, aunque la mayoría se han perdido. De los más de 4.000 locales que operaban durante los 50 y los 60, sólo quedan alrededor de 370 amenazados por el auge digital, los costes de mantenimiento y los problemas de infraestructuras.

Sin embargo, y como venimos anunciando, parece que hemos recobrado el gusto por recuperar algunas de nuestras tradiciones y el autocine está volviendo a imponerse. En España aún es posible de disfrutar de una película en coche con un cielo estrellado. Basta con ir al Autocine Star de Valencia, inaugurado en los años 80, al Autocine Sur de Alicante, en funcionamiento incluso los días de lluvia, el Autocine de Gijón y, sobre todo, el Autocine Denia, también en Alicante

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Imagen de la galería de la web autocinesmadrid

Sin ir más lejos, el pasado 24 de febrero abría en Madrid el Autocine Madrid RACE, el más grande de Europa: 25.000 metros cuadrados, con hasta 350 plazas de aparcamiento, para un total de unas 1.500 personas. Una pantalla de 250 metros cuadrados de superficie y una amplia zona de palomitas, bebidas y otras comidas.

Un plan diferente, una experiencia diferente, sensaciones y emociones diferentes, y por supuesto, un cine diferente. Algunos lo califican como “algo más que ver una película” y una “experiencia enriquecedora, nostálgica y maravillosa para los amantes del cine”.

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